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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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24 Mayo 2020 04:00:00
Perro no come perro
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En mis tiempos de reportero –¡ay!, hace muchos más años de los que yo quisiera– había una regla que era, por lo general, respetada por todos los miembros del gremio: “Perro no come perro”. En otras palabras, se consideraba tabú utilizar los espacios de los periódicos para atacar a periodistas.

Se permitía, sí, desmentir información proporcionada por otros colegas, siempre y cuando los desmentidos estuvieran sustentados por declaraciones de fuentes confiables, no fincados en opiniones personales. En la mayoría de los casos se evitaba citar al autor de la posible “fake news”, como ahora se dice, sustentada en datos no comprobados o en declaraciones malintencionadamente sesgadas.

Dirán que hablo de la prehistoria, y tendrán razón. Pero a lo largo de mi ya larga carrera en estas andanzas de la información, he intentado utilizar como guía de conducta la gráfica frase de “Perro no come perro”. Quizá merezca el adjetivo de anticuado o por lo menos de editorialista vintage.

Ni modo.

Será por eso o por lo que ustedes quieran, pero sentí desazón y tristeza al leer el tuit del productor de televisión y colaborador de un periódico de la capital, Epigmenio Ibarra, publicado la semana que hoy termina.

En el mensaje, Ibarra se lanza a la yugular de Carmen Aristegui, quien ha sido víctima de un feroz linchamiento en las redes sociales, donde, como solían decir mis tías, le han dicho hasta de lo que se va a morir.

La cobarde arremetida cibernética se desató a raíz de que Aristegui difundió información sobre el manejo de la agencia de noticias oficial Notimex, cuya directora, Sanjuana Martínez, además de despedir a miembros del personal sin liquidarlos conforme a la ley, dicta línea a sus “achichincles” para golpear a periodistas que osan no estar de acuerdo con la 4T.

Ibarra –eso sí, anteponiendo un hipócrita “querida” al nombre de Carmen– consideró que la queja de la periodista por la tempestad de insultos recibida resulta “desproporcionada y parcial” al considerarla un ataque a la libertad de expresión.

Rematando, sin venir al caso, que “el presidente López Obrador no hace sino decir sus verdades a una prensa que miente sistemática e intencionadamente”. Luego, para finalizar, lanza una pregunta fallidamente irónica: “Así es la democracia.

¿No te parece?”.

Uno esperaría que cualquiera de los paleros de las conferencias mañaneras del Presidente, como ese a quien apodan “La Molécula”, ocupante siempre de las primeras filas, se permita sin rubor quemar incienso a López Obrador y hacer preguntas a modo para propiciar lucimiento del tabasqueño.

“No cabe duda, en este mundo hay gente pa’ tó’”, como dicen que dijo Cagancho cuando vio a unos carmelitas descalzos.

No hay problema, es el señor Molécula. Pero que un hombre a quien siempre se ha considerado inteligente y creativo como Epigmenio Ibarra, minimice los arteros ataques contra Carmen Aristegui y su hijo, es harina de otro costal.

Uno esperaría –iluso que es uno– que hiciera gala de una pizca de solidaridad gremial y reprobara el linchamiento o, en el peor de los casos, optara por quedarse callado, así sea solo por recordar las calaveras que gustaban tener los monjes medievales sobre su mesa de trabajo con la inscripción “Como me ves te verás”.

Es una lástima que se haya perdido aquella regla de oro sobre la dieta aconsejada a los canes. Pues contemplar hoy día el espectáculo de morderse unos a otros resulta, para decir lo menos, de mal gusto, antiestético.
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