×
Xavier Díez de Urdanivia
Xavier Díez de Urdanivia
ver +
Xavier Díez de Urdanivia es abogado (por la Escuela Libre de Derecho) Maestro en Administración Pública (por la Universidad Iberoamericana) y Doctor en Derecho (por la Universidad Complutense, Madrid). Ha ejercido diversas funciones públicas, entre las que destacan la de Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Coahuila, del que fue Presidente entre 1996 y 1999, y Abogado General de Pemex. Ha publicado varios libros y muy diversos artículos en las materias que constituyen su línea de investigación, e impartido conferencias, seminarios y cursos sobre las mismas. Actualmente es profesor de tiempo completo en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, donde imparte cátedra e investiga en materia de Derecho Constitucional, Teoría y Filosofía del Derecho y Teoría Política. También es colaborador de la página editorial de Zócalo y de Cuatro Columnas (de la Ciudad de Puebla), y lo ha sido del Sol del Norte y El Diario de Coahuila, así como de los noticieros del Canal 7 de televisión de Saltillo, Coah.

" Comentar Imprimir
18 Agosto 2019 04:00:00
La estrategia educativa de la “cuarta transformación”
Heinz Dietrich opina que la educación, especialmente la superior, es el lugar por excelencia para ubicar al elemento de “vanguardia sistémica” que en su opinión está faltando para dotar de eficacia al empeño transformador de AMLO (“El Talón de Aquiles de Andrés Manuel López Obrador”, https://aristeguinoticias.com/1208/mexico/el-talon-de-aquiles-de-andres-manuel-lopez-obrador-articulo/).

En su acérrima crítica al “establishment” académico, Dietrich dice algo que, aunque suene exagerado, no carece de algún fundamento: “Hoy día, las áreas sociales de las academias públicas son, esencialmente, burocracias inertes, donde impera la mediocridad, el influyentísimo y el oportunismo transversal. En términos económicos, se trata de mercados oligopólicos y monopólicos, cuyas relaciones de producción, apropiación y distribución son disfuncionales para la productividad científica”.

Por eso concede la razón al presidente cuando éste critica a los cacicazgos y “grupos de poder” en el mundo de la investigación, como son las universidades, diciendo incluso que los académicos “no salen de los cubículos”.

Vale la pena detenerse en esta cuestión, porque es verdad que, especialmente en el ámbito de las genéricamente clasificadas como “ciencias sociales”, la que bien podría llamarse “nomenklatura académica” ha constreñido los espacios de participación y los han reservado para personas afines a quienes ejercen el control de los sistemas y organismos a cargo de la promoción y el estímulo de la investigación como actividad productora de conocimiento, y todavía más cuando de su divulgación se trata.

Es un hecho que, en este ámbito como en otros sectores sociales, hay causas suficientes para explicar el descontento, la irritación y el hartazgo de la gente que llevó a una mayoría en los comicios a votar por un cambio en las cosas.

Pero a Dietrich, promotor del “socialismo del siglo XXI”, no le preocupa eso, sino el hecho de verlo como un obstáculo para la transformación que tanto se pregona.

Para removerlo propone una serie de acciones tendientes a lograr la convicción de las “masas y clases sociales” respecto de las bondades de la transformación que promete el régimen, porque, según afirma, solo eso “hará triunfar esta última gran oportunidad de desarrollo para México”.

¿Cómo lograr esa convicción? Aunque Dietrich no lo revela en su artículo y en él enfatiza la educación superior como ámbito “orgánico” de la “vanguardia sistémica” que echa de menos, es evidente que las tácticas propagandísticas, meticulosamente pensadas y elaboradas por la administración pública federal, incluyen a todo el espectro educativo, incluido el extraescolar.

Los primeros instrumentos quedaron a la vista en la semana que concluyó, precisamente en los prolegómenos de un nuevo ciclo escolar y en vísperas del primer informe del presidente.

En primer lugar, la distribución de nuevos libros de texto, que no solo son gratuitos, sino también de uso obligatorio.

En segundo, una profusa distribución de la “cartilla moral” elaborada originalmente por Alfonso Reyes, pero adaptada por José Luis Martínez, para incitar “una reflexión nacional sobre los principios y valores que pueden contribuir a que en nuestras comunidades, en nuestro país, haya una convivencia armónica y respeto a la pluralidad y a la diversidad”, según el propio presidente apunta en la “Presentación” del documento.

En tercero, el anuncio de una “constitución moral”, que se promete como “un documento que recoja e inspire lo mejor del pensamiento y de la diversidad cultural de las mexicanas y los mexicanos”, advirtiendo que no se tratará de un documento jurídico, “sino de un material que recoja lo mejor del pensamiento de hombres y mujeres libres y conscientes” de nuestro país.

Largo sería examinar, aquí y ahora, todo el complejo entramado de significados e implicaciones que ese conjunto de acciones contiene, pero resulta evidente su intención propagandística y, a pesar de las bondades de los planteamientos genéricos que se expresan oficialmente, sobre todo respecto de los dos documentos citados al final, existirá siempre el riesgo de que tales vías puedan emplearse como instrumentos de adoctrinamiento ideológico, lo que en cualquier caso sería pernicioso.

Habrá que mantener la atención para evitar que eso pase.
Imprimir
COMENTARIOS



0 1 2 3 4 5