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María del Carmen Maqueo Garza
María del Carmen Maqueo Garza
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Coahuilense, médico pediatra, apasionada de la palabra escrita. Desde 1975 ha sido columnista en diversos periódicos regionales. Bloguera a partir del 2010. Participa activamente en el Taller literario “Palabras al viento”. Tiene varios libros publicados. Inquieta por la problemática social, en particular la relativa a nuestros niños y jóvenes. Sus colaboraciones invitan a asumir que la resolución de esos problemas es tarea común para todos. Su blog: https://contraluzcoah.blogspot.com/

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24 Mayo 2020 04:00:00
Cultura y amor a la Patria
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Hoy deseo abordar un tema que me inquieta: La forma como –en aras a la atención de la contingencia—se pretende dar de baja fideicomisos y apoyos relacionados con la cultura: Esta vez toca el turno de luchar a los museos y a la cinematografía. En estas iniciativas de redistribución de recursos percibo un enfoque de corto alcance, como si el arte y la cultura fueran rubros clasistas, innecesarios y totalmente prescindibles. Mentalmente me remito a tiempos del porfiriato, cuando las manifestaciones afrancesadas del presidente y su gabinete representaban un lujo que se obsequiaba, en charola de plata, a los cuerpos diplomáticos de otras naciones. 110 años después, la sicología y la pedagogía nos enseñan que el arte y la cultura no son lujos, sino elementos básicos de identidad, mismos que proporcionan seguridad, como es el caso del sentido de pertenencia, al considerarnos parte de un gremio con el cual compartimos elementos comunes.

Hoy en día, dentro de los distintos quehaceres artísticos y culturales, los colectivos manifiestan su inconformidad con respecto a los recortes o eliminación de presupuestos. Cada uno de ellos expresa la necesidad que tiene el país de contar con esos recursos para desarrollar la creatividad, y a través de ella establecer lazos y puentes con el público receptor, que de una u otra forma interactúa y enriquece las expresiones originales.

México se ha distinguido por una museografía excepcional. Colecciones contenidas dentro de edificios de gran valor histórico o arquitectónico, a través de cuyo conocimiento se exalta lo que hoy somos y destaca la forma como hemos llegado hasta donde estamos. A través de la visita a un museo logramos comprender de manera vívida aquello que nos cuentan los libros de historia. Entendemos de forma más amplia qué fue lo que sucedió; podemos percibir ambientes, colores, texturas, olores. Se acrecienta nuestro asombro frente a esos objetos elaborados en diversos materiales, que no alcanzamos a comprender cómo fueron trabajados con las herramientas de la época. En algunos museos se cuenta con apoyo audiovisual que vuelve más claro aquello que tenemos enfrente. Muchas veces dichas colecciones se hacen acompañar de frescos en las galerías del inmueble, lo que convierte la visita en una experiencia multisensorial única. En los años que tengo de vida y habiendo visitado un buen número de museos dentro del país, no recuerdo haber salido de uno solo de ellos, sin sentir que mi amor por México había crecido un poco más.

La emergencia sanitaria que vive nuestro país obliga a reestructurar marcos presupuestarios para dar prioridad a lo más urgente, eso es definitivo. Sin embargo, los ciudadanos esperamos que se orqueste un rediseño de emergencia sensato y equilibrado. Habrá renglones que bien podrán esperar mejores tiempos, o quizá hasta cancelarse, en definitiva, como es el caso del impulso a las energías no renovables, muy caras y contaminantes, frente a opciones más económicas y que no dañan al medio ambiente. Del mismo modo, iniciativas como el Tren Maya, proyecto controversial desde su origen, y que bien puede esperar en la fila de “posibles” o caer en la de “inviables”. Las prioridades son otras en este momento.

Con relación al arte y la cultura, es menester que se incluyan como rubros de primerísimo orden, para darles apoyo total. La conciencia ciudadana crecerá en la medida en que cada uno de nuestros niños y jóvenes, se sienta que forma parte de México, al cual le corresponde amar, cuidar y defender. A través de su participación en el arte y la cultura, ellos habrán de sentirse tomados en cuenta, reconocidos entre sus pares. Hay que hacer hincapié, el sentido básico de pertenencia es en gran medida satisfecho para cada chico, cuando él percibe que, eso que él tiene para aportar en beneficio de los demás, lo vuelve valioso e insustituible para el grupo. De este modo se va consolidando su autoestima. Ese mero pensamiento de saberse tomado en cuenta por los demás, constituye el germen del amor de un individuo por su patria.

La globalización nos ha despojado de buena parte de nuestra identidad nacional. Podemos conectarnos con alguien al otro lado del mundo con quien tal vez nos identificamos por compartir gustos, tendencias o necesidades. Así constituimos comunidades virtuales, que nunca podrán sustituir a la relación directa con otros humanos. Necesitamos la identidad regional y nacional como asidero, para no perdernos en la turbulencia, tantas veces anónima, de la red. El arte y la cultura representan –en buena medida—ese asidero capaz de hacer, de cada uno de nosotros para México, ese “un soldado que el cielo en cada hijo te dio”, como reza claramente nuestro himno nacional.
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