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Peniley Ramírez
Peniley Ramírez
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Con 32 años y experta en temas de seguridad, corrupción, derechos humanos y migración, Peniley Ramírez ha sido colaboradora de varios medios, tanto impresos como digitales. Además de su espacio en esta casa editorial, la periodista expresa sus opiniones a través de su cuenta de Twitter @penileyramirez, en donde suele tener interacción con sus lectores”

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10 Julio 2020 04:03:00
Una cena entre amigos
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Cada Presidente sabía que estaba entre amigos. De ese modo los presentó. Son quienes los apoyan, los que invierten con ellos, dijeron cada uno en su turno. No había máscaras, ni sana distancia. Nadie estaba contaminado, ni de virus ni de malas intenciones políticas. Había risas, optimismo, promesas de mutua prosperidad.

Patricia Armendáriz describe así su noche del 8 de julio. Un menú elegante, escrito a mano, una decoración sobria, un selecto grupo de empresarios. Y ella en la Casa Blanca haciendo fotos, saltándose los protocolos, escribiendo en Twitter los detalles del encuentro. “Quiero levantar cada pizca de optimismo que pueda para México”, expresó.

Fue como una cena familiar, informal, cuenta la empresaria mexicana al teléfono pocas horas más tarde, cuando la mañana del 9 de julio apenas despuntaba en Washington. Aún tiene frescas las horas anteriores, los discursos, las risas y las alegorías patrióticas.

Le pido que reviva lo que vio. Recuerda a Donald Trump sonriente, diciendo que Andrés Manuel López Obrador “es el mejor presidente que ha tenido México, que es agudo, habilidoso, tiene experiencia y ama mucho a su país”. Ve a Trump cordial, relajado, festejando con su homólogo mexicano que no hay pleito entre ellos, mostrando a los empresarios unión y camaradería.

El muro y los migrantes no se mencionan. Tampoco la crisis económica, los muertos, la pandemia, los cárteles, ni el temor que han mostrando otros empresarios en México, cuyos proyectos han sido cancelados. Esta es una cena entre amigos elegidos por dos presidentes que celebran una nueva etapa de la relación bilateral, nuevas reglas, que apuntan a un mayor proteccionismo, y la reedición de un discurso de unidad norteamericana, en tiempos cuando China acecha, virulenta.

Tampoco se habla de la mafia del poder, la corrupción, el neoliberalismo ni de los pecados de los salinistas, aunque muchos de los invitados tienen su trozo protagónico en dichos temas, y durante años han sido objeto recurrente de la arenga pública del obradorismo en esos asuntos. No se señala a Slim como el gran beneficiario de la privatización de Telmex, a Televisa como la gran manipuladora, ni a Hank como el heredero de prácticas políticas cuestionables.

Este es otro momento, dice Armendáriz, la única empresaria mujer, invitada a la cena en la comitiva mexicana. “El Presidente (López Obrador) sí dijo que hay agravios que no se olvidan, no vino de lambiscón, pero hay momentos de llamar a agravios y hay momentos de ser buenos vecinos”.

La visita exprés de Andrés Manuel no tuvo en la agenda más que dos depósitos florales, dos discursos públicos, sin preguntas de la prensa, y una cena. Claramente, no es el momento de los agravios.

Duros tiempos vienen para México, según las calificadoras de crédito y los evaluadores de riesgos. Al Presidente mexicano no le dictan su agenda esos organismos, que miran a México a más de mil kilómetros de distancia y no hacen un zoom a la microeconomía, dice Armendáriz. Recuerda cómo estas predicciones y reglas sí pesaron en la primera negociación del acuerdo, durante el salinato. Ahora es otro momento, añade ella. “La vez pasada, te voy a decir una palabra horrible, México era más súbdito. El poder de Estados Unidos era apabullante, la actitud era de ‘te abres porque te abres, porque soy tu padre, sí era muy intimidante. Ahora es otro Estados Unidos”.

Armendáriz se oye feliz. Habla de un Presidente mexicano distinto al que crispa y polariza en las conferencias mañaneras, desecha las agresiones en su contra en Twitter, con un ademán conciso: “La tierra Twitter es muy radical”. Y cuenta de su negocio: los pequeños empresarios que obtienen créditos a través de su Financiera Sustentable, los que seguirán invirtiendo en México, mexicanos y estadunidenses. 

Hay otro México, más allá de las mañaneras. Un México más pragmático, donde los empresarios que se volvieron millonarios con el neoliberalismo ahora son presentados como amigos del Presidente y pueden viajar a Washington con él, donde las inversiones posponen la aclamación de los agravios. Un México real, que no es el de los discursos. Ese México cenó en Washington este 8 de julio. 
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