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Francisco Tobías
Francisco Tobías
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23 Abril 2019 03:39:00
Sobre la corrupción en México
La palabra corrupción tiene su origen etimológico en cum- rumpo, concretado en el verbo latino corrumpo, que significa destruir, acabar, romper, echar a perder, alterar. La palabra corrupción hace alusión a la degradación de algo o de alguien, porque con la palabra corrupción, algo se malogra, se pudre, se daña, se pierde como consecuencia de una alteración de la realidad que no concuerda con el deber ser.

La historia de México ha estado marcada por circunstancias que evidencian la existencia permanente del fenómeno de la corrupción; con un poco de lectura a la historia de nuestro país, sabemos que este fenómeno ha existido desde épocas coloniales. Vemos con decepción que con el paso de los años se aprecia con una brutal normalidad el comportamiento corrupto y corruptor. Porque es lo mismo no hacer nada a solamente señalar algo que es dañino, quizá, lo segundo es más grave.

La corrupción invade todos nuestros ámbitos: el pago a un funcionario para la agilización de una gestión, la dádiva a un policía municipal para que no nos imponga una multa, el uso de la influencia personal para obtener ventajas laborales, la utilización del erario para enriquecerse, el trato a manera de dispendio que se tiene a los servidores públicos… la corrupción se vive y se respira hasta en los más minúsculos acontecimientos. La corrupción existe en todos los ámbitos, en todos los estratos sociales y en todas las actividades.

¿Porqué somos corruptos? O ¿porqué hay gobiernos corruptos? Al ser nosotros corruptos, afectamos a otro interés particular, y al ser un Gobierno corrupto, daña a los bienes públicos, a la cosa pública. Pero visto desde otro ángulo, la corrupción siempre es perjudicial al interés general, puesto que la pequeña corrupción también incide negativamente en los comportamientos que conforman lo cultural de una sociedad y, en consecuencia, esas manifestaciones privadas de corrupción, trascienden por la vía de la repetición del hábito a todas las esferas sociales. La corrupción de los individuos y de las instituciones se da cuando los sujetos que participan en ellas no las aprecian en sí mismas, muy probablemente porque no valoran el bien interno que con ellas se persigue, que es el que les confiere sentido y legitimidad social… y, al actuar así, los sujetos las realizan pensando en conseguir por medio de estas actividades, bienes externos, traducidos en ventajas económicas, sociales y de poder. Cualquier actividad haciéndola así, acaba perdiendo legitimidad social y con ella toda credibilidad.

Valdría la pena que los mexicanos, destináramos un tiempo a pensar sobre nuestro actuar, sobre la cadena de valores axiológicos. Somos nosotros como sociedad, los únicos que podemos frenar a la corrupción. Además, tenemos el poder de agilizar nuestro propio desarrollo a fin de lograr un progreso en igualdad y con oportunidades para todos.
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