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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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03 Julio 2020 04:07:00
Niños con cáncer
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El episodio saturó las redes sociales este primero de julio. La esposa del presidente López Obrador, Beatriz Gutiérrez Müller, publicó un tueet de celebración por el triunfo electoral de su marido: “Los ciudadanos -que somos los verdaderos guardianes de la democracia-logramos lo impensable: elecciones realmente democráticas”. Una persona llamada Juan David Guerra Muñoz le preguntó por la misma red: “¿Cuándo atenderá personalmente a los padres de niños con cáncer? Gracias por su amable respuesta”. La respuesta, sin embargo, no fue amable: “No soy médico, a lo mejor usted sí. Ande, ayúdelos”.

Si bien Gutiérrez Müller ofreció después una disculpa, que muchos consideraron arrogante, la respuesta ejemplifica la falta de solidaridad del régimen con los niños con cáncer. El Gobierno niega que haya desabasto de medicamentos oncológicos. El mismo primero de julio la Secretaría de Salud emitió un comunicado que decía: “se encuentra garantizado el abasto”, “no se prevé ninguna escasez”. Añadía: “De mayo a junio de este año, el Insabi distribuyó un total de 58,170 piezas de medicamentos oncológicos y para el mes de julio se tiene previsto entregar 137 mil piezas más”.

Pero hay otros datos. La doctora Karen Rosales M. señalaba en Twitter: “Estimada Beatriz, yo sí soy médico, y ¿qué crees? Por más que lo intento, no puedo conseguir medicinas para los niños con cáncer”. Xavier Tello afirmó: “Yo sí soy médico y por eso sé que el desabasto de medicinas es brutal y está golpeando a los que más necesitan. Hay que ayudar a los niños con cáncer”.

Omar Hernández, padre de un pequeño con cáncer, me dijo ayer que el Gobierno ha traído medicamentos en tres vuelos desde Argentina, pero “no están en los anaqueles de los hospitales”. El Hospital Infantil Federico Gómez, donde empezó el movimiento, ya “está 100 por ciento abastecido”, pero no es el caso de muchos otros. “Mi hijo no pertenece a ningún movimiento -apuntó--. Tiene 11 años. Mi hijo no es la corrupción”.

La escasez, tristemente, es política e innecesaria. Empezó cuando la Cofepris clausuró la planta de la empresa mexicana PISA que producía estos medicamentos. La razón es que el presidente López Obrador había acusado de corrupción a una filial, DIMESA, dedicada a la distribución, sin presentar pruebas.

El Gobierno ha tratado de importar los medicamentos, pero no es fácil conseguir cantidades tan importantes en tan corto tiempo. En el primer trimestre de 2018 se adjudicaron fallos para la compra de los oncológicos hoy importados de Argentina por un monto de 230,191 piezas y 58 millones de pesos. En el mismo periodo de este 2020, solo se dieron fallos para 2,524 piezas con valor de 1.4 millones de pesos. Ni siquiera se está ahorrando dinero. El precio promedio por pieza en 2018 fue de 252.15 pesos; en 2020 es de 572.90, sin considerar el costo de los aviones.

En 2018 PISA proveyó 28.8 por ciento de los oncológicos que ahora se están importando de Argentina, pero en total hubo otros 12 proveedores. No había un monopolio, como ha afirmado López Obrador. En el primer trimestre de 2020 Sandoz proveyó 50.1 por ciento, INTAS Pharmaceutical 0.9; el otro 48.9 por ciento fue de proveedores no especificados (INEFAM).

Es verdad que Beatriz Gutiérrez Müller no es médica y no tiene por qué atender a los niños con cáncer, pero la escasez provocada por el Gobierno es una realidad. Se inició con la clausura de la planta de PISA; las autoridades no entendieron que comprar los millones de piezas que PISA producía era imposible. El resultado es que han dejado a muchos niños sin medicamentos.


La consorte

Me parece saludable que Beatriz Gutiérrez Müller haya rechazado ser “primera dama” y que haya defendido a su hijo, pero no logrará evitar “la suerte de la consorte”. Es momento de releer a Sara Sefchóvich.
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