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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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12 Diciembre 2019 04:05:00
¡Es Bellas Artes, señora!
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Señora directora:

Le escribo para hacer patente mi indignación por exponer la pintura de Emiliano Zapata en el que creíamos era el máximo recinto cultural del país, obra del hasta antes desconocido Fabián Cháirez. El cuadro, ya famoso gracias a las redes sociales y a los medios de comunicación tradicionales, pretende ser una representación del general Emiliano Zapata mostrándolo desnudo con cuerpo de inconfundibles formas femeninas, sombrero rosa y zapatos de tacón alto. Este andrógino personaje, rodeado de una cinta tricolor, monta un amanerado caballo blanco con el miembro erecto.

Mire usted, señora directora, a un servidor lo tiene sin cuidado si don Emiliano era o no bisexual, y si sostuvo o no relaciones con Ignacio de la Torre y Mier, yerno de don Porfirio Díaz, que según opinión generalizada formaba parte de los 41 gays detenidos en una fiesta por la policía en la Ciudad de México. Como se sabe, Zapata fue caballerango de Ignacio, pero si el patrón y el empleado tenían intereses ajenos al cuidado y al entrenamiento de los equinos, sería asunto de ellos.

Tampoco tengo el más mínimo interés en las preferencias sexuales de Manuel Palafox, secretario de Zapata, quien, aseguran, era manifiestamente homosexual. También ni me va ni me viene que Amelio Robles, coronel del Ejército del Sur, fuera o no transgénero, como se rumora. Allá él si le gustaba vestirse de charro o de china poblana. A 100 años de distancia, ¿a quién le puede importar? En lo personal, me parece una forma deleznable de perder el tiempo eso de asomarse debajo de las sábanas de las camas donde se acuesta la gente. Cada quien su vida, diría el maestro Luis G. Basurto.

No, señora directora, mi indignación no nace, como ha ocurrido a otras personas, debido a que el cuadrito de marras pueda denigrar a un luchador revolucionario. Ya ve lo que cuentan de Alejandro de Macedonia, y ni así le quitan su lugar en la historia como exitoso conquistador ni el apodo de Magno.

Mi indignación surge por el poco respeto mostrado por usted y su equipo a los muros de las galerías del Palacio, pues el cuadrito de Cháirez es, desde un punto de vista estético y técnico, una porquería. Resulta inadmisible que esa pinturita relamida se encuentre en el mismo edificio donde están los murales de Diego, Siqueiros y Orozco y que, además, lo eligieran ustedes como imagen para promover la exposición Zapata después de Zapata.

No sé, ni me perderé mi tiempo en averiguar dónde estudió pintura el señor Cháirez, pero por ese cuadro, el único salido suyo que espero llegar a ver, me parece se entrenó en su “arte” copiando las figuras de las cartas de la lotería. Es de una simpleza de concepción y de composición inferiores a la de El Borracho, El Catrín o La Dama.

¡Y el marco, señora! Ese marco garigoleado hasta la náusea, epitome del kitch, es el complemento perfecto de la obra. Tan de mal gusto el uno como la otra. “Está el colote pal’ garrero”, como dicen en Castaños, Coahuila.

Señora, con usted vamos de mal en peor. Antes fue criticada por facilitar la sala principal del Palacio a cierta organización religiosa para realizar un homenaje a su líder, ahora acusado de cuantos crímenes sexuales pueda uno imaginar. De verdad, señora, dígame sinceramente, ¿no se ha dado cuenta de qué institución fue usted nombrada en mala hora directora general?

Es Bellas Artes, señora. ¡El Palacio de Bellas Artes!
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