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Guadalupe Loaeza
Guadalupe Loaeza
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11 Octubre 2018 04:00:00
Edecán 1968
A pesar de que han transcurrido 50 años, todavía me veo vestida con mi uniforme anaranjado: era un jumper con el estampado de los cinco anillos olímpicos entrelazados, símbolo de los 29 Juegos Olímpicos; una blusa mao blanca, medias blancas y mocasines (de calzado Canadá) también con los mismos aros. Las del color naranja estábamos destinadas a ocuparnos de la prensa internacional. Recién desempacada de París, me encargaron la prensa francesa, suiza, belga y canadiense. La verdad es que me sentía “soñada” (si no eras edecán, estabas totalmente out) con un peinado semejante al de Catherine Deneuve en la película Belle de Jour, con mi minifalda y mis pestañas postizas “pixie”. Entre las muchas recomendaciones que nos hicieron por parte del Comité Organizador estaba que no se hablara de la matanza de Tlaltelolco. “Cada vez que les pregunten si hubo muertos, ustedes digan que no, que fue una revuelta entre estudiantes revoltosos maoístas cuyo único objetivo era restar lucimiento a los Juegos Olímpicos”. Confieso que entonces me encontraba totalmente ajena al conflicto estudiantil, en esa época no leía el periódico ni veía las noticias. Aunque lo hubiera hecho, en la prensa no se hablaba ni una palabra sobre el movimiento del 68. Si me había enterado era debido a que mi hermana mayor vivía en el edificio Chihuahua. Mis padres estaban muy preocupados porque ni Lola ni sus hijos podrían salir a la calle durante muchas semanas, de allí que mi padre se hubiera visto obligado a llevarles agua y comida. Por mi parte, en esos días estaba muy ocupada en tener todo listo para mi nueva responsabilidad como edecán; había que medirse el uniforme, ir al centro a comprar los zapatos y atravesar la ciudad (entonces tomaba camión) hasta Xola, en la colonia Del Valle, para ir a las oficinas donde se atendería a la prensa extranjera, es decir, a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.

Anécdotas tengo muchas de esa época. Nunca se me olvidará la cara de incredulidad que hizo un corresponsal de la revista Paris Match cuando me preguntó, en la Fonda Santa Anita, mientras disfrutábamos de unos deliciosos “toritos”, cuántos muertos había habido el 2 de octubre en la plaza de las Tres Culturas. “Ninguno”, respondí muy obediente a la consigna que se nos había encomendado. Ante mi absurda y estúpida respuesta, tomó de su portafolio un ejemplar del semanario francés de unos días antes y me mostró las fotografías, a dos planas, de muchos estudiantes muertos. No supe dónde meterme. “Oh, mon Dieu!”, exclamé avergonzada. A partir de esa noche, cada vez que un periodista extranjero me preguntaba lo mismo, contestaba: “Malheureusement, beaucoup!” (Desafortunadamente, ¡muchos!).

Recordé todo lo anterior a propósito de una invitación que recibí por parte de Ana Cristina, nieta del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, para participar en la Pasarela Conmemorativa, México 68... Legado para el Mundo, la cual se celebrará justo mañana 12 de octubre. “La misión es restaurar y completar la colección de una moda que se viene a sumar 50 años después”. Líneas abajo se dice que lo que se recaude “será destinado a la restauración del legado histórico por el Museo de Antropología e Historia, quienes tratarán las piezas como elementos de museo... de recuerdos acumulados”. Cuando Ana Cristina me pidió mis medidas para participar en la pasarela, casi me muero. Le dije que había cambiado un poquito de talla y que tal vez ese día me era imposible asistir al evento. Nostálgica como soy, finalmente le mandé mis medidas, así se hubieran multiplicado por cinco... En la misma invitación se menciona al hijo del arquitecto Ramírez Vázquez y a Beatrice Trueblood, quien fuera directora del departamento de publicaciones del Comité Organizador. Gracias a esta espléndida editora confirmamos que el emblema de esos Juegos Olímpicos, una polémica que se dio y se sigue dando, es un diseño del arquitecto del Museo de Antropología: “Yo vi a Pedro Ramírez Vázquez garabatear el 68 con los aros integrados a los números, fue su idea. Y si resultó una obra maestra es porque se desarrolló en equipo”.

Como invitados especiales al evento de la pasarela 1968 estarán los exatletas olímpicos, íconos del movimiento del Black Power, Tommie Smith y John Carlos; Ana Gabriela Guevara, Felipe “El Tibio” Muñoz, la top model mexicana Mariana Zaragoza y la modelo mexicana Alejandra Infante. ¿Estarán mi uniforme y mis zapatos anaranjados enterrados en una cápsula del tiempo?
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