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23 Abril 2019 03:03:00
Despega la alondra y hallarás la música
Por: Elena Gómez


La poesía que creó Emily Dickinson (1830-1886) se escribe a partir de un proceso de instrospección, soledad y encierro autoimpuesto para estar cerca de su madre postrada. Dickinson, conocedora a temprana edad de los nombres de las constelaciones y las estrellas, de las especies de plantas y variedades de flores, imprime una trama naturalista a sus textos.

Entre sus actividades cotidianas se encontraban la lectura de las hermanas Brönte, cocinar, bordar y escribir. Completó alrededor de mil 775 piezas, de las cuales publicó en vida menos de una decena. El resto fueron dadas a conocer por su hermana al descubrir los volúmenes que “Mily” había escrito a mano.

Estamos ante una autora estadunidense exigente –considerada de forma universal como una de las más importantes poetas de todos los tiempos–, que se hizo sentir a través de su voz poética pero que no se dejaba mirar. La mayoría de sus poemas se caracterizan por ser cortos, carecer de título y tener rimas consonantes imperfectas.

El libro digital que lleva el nombre de uno de sus versos El Viento Comenzó a Mecer la Hierba, te adentra en un mundo construido donde cada palabra ha sido perfectamente sopesada para hacernos estallar la cabeza.

“El cerebro tiene pasillos más grandes / que los pasillos reales (de una casa)”.

En palabras de Emily: “Si tengo la sensación física de que me levantan la tapa de los sesos, sé que eso es poesía”.

La publicación editada por Titivillus (2014) está ilustrada por Kike de la Rubia con parajes en los que un árbol, la nieve, los animales y las ventanas abiertas de habitaciones vacías acompañan las palabras de la autora.

En esta edición, se reproducen 27 de los mejores poemas de Dickinson, es decir, algunos de los más exactos y más perfectos que se hayan escrito nunca en cualquier idioma. La traducción para esta antología, la realizó Enrique Goicolea.

Los poemas antologados están escritos con una gran sensibilidad y conocimiento de la naturaleza humana. La autora solitaria nos habla del amor no correspondido, de la impermanencia de la vida, las estaciones, el mar, el viento, la soledad, el silencio, los libros y la percepción de su propia muerte. En cada palabra experimentamos su asombro, sus miedos y sus reflexiones más íntimas. Su poderosa voz y su poesía única e inimitable nos toca y nos conmueve:

El viento comenzó a mecer la hierba. / Con ruidos graves y amenazadores / envió una amenaza a la tierra / y otra amenaza al cielo. / Las hojas se desprendieron de los árboles / y se esparcieron por todas partes. / El polvo se arremolinaba, / como agitado por unas manos, / y por el caminos se alejaba. / Las carretas se apresuraban en las calles. / El trueno, lentamente, se desató; / el relámpago mostró un pico amarillo / y una lívida garra a continuación. / Los pájaros levantaron / las empalizadas de sus nidos. / El ganado corrió a los establos. / Cayó una gigantesca gota de lluvia, y luego, / como si las manos que sujetan los diques / se hubieran levantado, / las aguas rompieron el cielo, / pero pasaron sobre la casa de mi padre / y sólo rompieron un árbol.
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