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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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10 Julio 2020 04:01:00
Cauces de entendimiento
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La visita de Andrés Manuel López Obrador a Estados Unidos fue un fracaso. No para él, sino para quienes, desde distintas tribunas y de mil maneras trataban de intimidarlo con el cuento del «abominable hombre de las nieves». Además, «no habla inglés, ¡qué barbaridad!». Salinas de Gortari y Luis Videgaray, el alter ego de Peña Nieto, dominaban el idioma y casi terminan de vender el país. Otros le aconsejaban eludir el encuentro con el inquilino de la Casa Blanca. Los riesgos —argüían— eran muchos y las ventajas ninguna: «será humillado y México expuesto a las insolencias y bravatas de Trump».

Quienes ven a AMLO en decadencia, daban sin rubor giros copernicanos y le concedían superpoderes: «revivirá la campaña de Trump e inducirá el voto latino a su favor; si Joe Biden gana las elecciones del 3 de noviembre, como apuntan las encuestas, jamás se lo perdonará». Salinas apoyó abiertamente la reelección de George Bush bajo el paraguas del TLC. Incluso construyó un aeropuerto en Agualeguas, Nuevo León, (en abandono) para recibir el Air Force One, el 26 de noviembre de 1990, y celebrar su amistad con una charreada , en la que el exdirector de la CIA presumió un sombrero charro.

Bush perdió las elecciones de 1992 y tres años después, Bill Clinton (demócrata) convenció al Congreso (de mayoría republicana) de aprobar una línea de crédito por 25 mil millones de dólares para salvar a México de la crisis económica provocada por Salinas. Aunque riesgosa, la medida resultó una «buena inversión», escribe Clinton en su autobiografía Mi Vida, pues el colapso mexicano hubiera tenido consecuencias severas para Estados Unidos». El político estadunidense pondera al presidente Ernesto Zedillo, quien cumplió su compromiso de emprender reformas financieras y de mantener informado al Departamento del Tesoro sobre el estado financiero del país para evitar nuevas crisis.

Tirios y troyanos le recomendaron al presidente López Obrador tratar con Trump un sinnúmero de asuntos, cuando la invitación era por la entrada en vigor del nuevo acuerdo comercial entre Canadá, Estados Unidos y México (T-MEC). En la declaración conjunta abordaron temas relacionados: inversión, coordinación para afrontar la pandemia de coronavirus y reactivación económica. En este tipo de reuniones no se improvisa ni se acude con apuntes como en los exámenes escolares o con una carta a Santa Claus.

En su libro Decisiones Difíciles —título utilizado por Felipe Calderón Hinojosa para su biografía—, Hillary Clinton, primera secretaria de Estado de Barack Obama, cuenta sobre la complejidad de armar una agenda, así sea binacional, y de cómo los equipos trabajan y negocian en las sombras. Cuando los presidentes se reúnen, es para hacerse la foto y firmar acuerdos tomados previamente.

El líder del PAN, Marko Cortés, tramposamente, le reprocha a AMLO no haberse entrevistado con los líderes y congresistas del Partido Demócrata. Pues claro que no: el viaje fue para atender una invitación expresa y una agenda concreta. Como Clinton lo advierte en su autobiografía, los intereses de un país están por encima de los afectos del Presidente.

George Bush hijo presumía su amistad con Vicente Fox, sin embargo, los atentados del 11 de septiembre de 2001 sepultaron la reforma migratoria. Al margen de simpatías o antipatías, lo importante es que México encuentre cauces de entendimiento con su principal socio comercial, sea Trump o Biden quien gane las elecciones de otoño.
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